
Ayer fue un día REDONDO, de esos que quisieras repetir muchísimas más veces. Todo se alineó para que saliera perfecto: el calor no apretó (menos mal, porque dos días antes no sabíamos dónde nos íbamos a meter), la carne y el pescado de primera, pero sobre todo, LA COMPAÑÍA, esa gente mía guapa, por dentro y por fuera que recargan mi esencia bouganvillera.
Cuando vas de barbacoa, estás todo el día comiendo, es un empezar y no parar. Y no miento cuando digo “todo el día”, porque el almuerzo dio paso a la sobremesa, ésta a la merienda, y como no, por último, la cena.
Para empezar, pusimos un picoteo variado al que yo quise aportar este caprichito facilísimo de hacer, sacado de un libro de recetas chulísimo que mi familia me regaló para mi cumple: ACEITUNAS ALIÑADAS A LA NARANJA.
Es tan fácil de hacer como comprar ¼ de aceitunas aliñadas (yo las compré con sabor a anchoa), echarlas en un tarro y añadirles la ralladura de una naranja, la de un limón, el zumo de la primera y el de medio limón, pimienta negra molida y dejar macerar mínimo dos días, moviendo el tarro a menudo para que se fueran impregnando bien del aroma. Resultado: volaron en una mijilla.
Después dimos cuenta del resto de las viandas:
Unos mejilloncetes al vino blanco

Unas sardinas asadas, ¡pero qué ricas las sardinas de mi Málaga!

Pinchitos ibéricos

Hamburguesas ibéricas

Y las salchichas especiales para barbacoa y ¡esos chorizos criollos! que cayeron en la cena. Toíto regado con refrescos, cerveza y tintito de verano. De postre, como no, una hermosísima y refrescante sandía.
Y, como no, mi homenaje a los maestros asadores:

Comentarios
BSS!!
Besotes preciosa.